La forja de un emprendedor

Alfredo Rodriguez

Si se pudiera resumir en un sólo enunciado lo que transmiten las palabras de Alfredo Rodríguez acerca de su vida, sin duda alguna sería el siguiente: las plantas silvestres crecen más fuertes. Aguantar las inclemencias del entorno, los periodos de sequía, los pisotones del cazador furtivo… son experiencias cuya negatividad inherente se transforma con el paso del tiempo en inquebrantable robustez. Y de eso, ni más ni menos, es de lo que trata la historia de este madrileño, que a sus 44 años de edad puede presumir de haber salido airoso de innumerables contiendas con la vida. “Persona inquieta”, como le gusta describirse, va enlazando una frase con otra con una elocuencia inusual en alguien poco acostumbrado a entrevistas.

Cuando se le pide a este apasionado profesional de la estética y la peluquería que explique qué es Hombre Actual, la reciente enseña creada junto a su socio Javier Burgueño, no se “corta ni un pelo”: “Esta enseña nace, como su propio nombre indica, para renovar un sector, para darle un aire fresco e innovador a la peluquería masculina de siempre. Pretendemos así desligarnos de un concepto unisex predominante que en la práctica no cubre todas las necesidades estéticas que el varón de hoy demanda. Nuestra intención es posicionarnos como el centro de referencia en el cuidado integral de la imagen masculina”. Y claro está, las palabras son palabras, y se las lleva el viento o las borra el corrector tipográfico; por eso no vacila a la hora de transmitir los hechos que le llevan a hacer tales afirmaciones: “Hemos fijado esa meta, porque la experiencia de estos cinco años trabajando junto a mi socio Javier Burgueño nos ha demostrado que es posible. La reacción favorable del público, su abrumadora respuesta, nos conduce a pensar que vamos por la buena senda, y deja claro que existe un nicho de mercado consistente del que nutrirse. Por supuesto, todo esto ha sido posible gracias al esfuerzo y la ilusión presentes en nuestra aventura empresarial, y por eso vamos a ser extremadamente cuidadosos a la hora de seleccionar candidatos a franquiciado, haciéndoles partícipes de nuestro proyecto e intentando que lo sientan tan suyo como nosotros”.

Pero para llegar a este punto, el protagonista de esta historia no atravesó precisamente un camino de rosas. “Vengo de una familia humilde. En casa éramos diez hermanos y hace tres décadas las cosas eran bien distintas. Cuando cumplí catorce, muy a mi pesar, tuve que abandonar los estudios para colaborar y poner comida en la mesa. Aunque fue duro, no me arrepiento de aquello”. Fue precisamente entonces cuando tomó contacto por primera vez con el mundo de la peluquería. “Comencé a trabajar en el salón de mi hermana y cuñado. Allí me inicié como aprendiz y tuve que barrer muchos pelos y lavar muchas cabezas hasta llegar donde estoy hoy”.

Su empeño por desarrollarse personal y profesionalmente, su inquietud innata y su afán de superación, unido a las circunstancias que le presentó la vida le llevaron a salir de casa con 23 años rumbo a los Estados Unidos. “Allí viví hasta los 36, y ha sido una experiencia muy enriquecedora. Los jóvenes de hoy se han acostumbrado a la comodidad, y aunque no me gusta generalizar, es una realidad que constato día a día. Yo animo a las nuevas generaciones a que abandonen el nido para pasar una temporada en el extranjero. Considero que es una de las mejores formas de aprender a sobrevivir por tus propios medios, a superar aquellos temores que te inquietan y a fijar metas. No estoy hablando de un viaje de placer: San Francisco, Nueva York, Chicago… está bien visitar sus monumentos y emplazamientos más emblemáticos, pero todos los conocemos de algún modo debido al cine, la literatura, y los medios. He cruzado los EEUU de punta a punta en varias ocasiones, es lo que allí llaman cross-country, y es a eso a lo que me refiero. Conocer la América profunda, su gente, ese otro lado de la cultura estadounidense que sólo se puede entender desde la experiencia real de haber estado allí”. Su aventura transatlántica estuvo llena de idas y venidas, de baches y dificultades, pero también le ofreció momentos de gran felicidad y plenitud. Él sabía lo que significaba cruzar ‘el charco’, pero los temores no le amedrentaron, y a la hora de partir lo hizo con determinación. “Estuve trabajando en multitud de sitios, realizando toda suerte de tareas que nada tienen que ver con mi vocación. Allí, poco a poco fui transformándome en el hombre que soy, y eso es lo que queda. Más tarde, las vueltas de la vida me devolvieron al barrio en el que me crié, y es aquí donde nace Hombre Actual”.

Su estancia en el país del fast-food no mermó su gusto por la buena cocina: “Como hijo de la capital que soy, en mi mesa no puede faltar un buen cocido madrileño”. Declara no poder pasar un año sin hacer un paréntesis en el trabajo, y a la hora de hacer una escapada también se decanta por un lugar muy especial de nuestra geografía: “Para desconectar haría un viaje rápido a la Alhambra”.

Al preguntar al socio fundador de esta enseña por quién siente especial admiración, afirma tener a varios personajes de relevancia en alta estima: “Admiro y respeto a personas como Antonio Gala, por ser un personaje que encierra un gran carisma; a Bill Gates, por ser la muestra personificada de cómo alguien puede llegar muy lejos empezando de cero, y por su suerte, aunque ésta fue el fruto de un encomiable trabajo. Lo que ahora está haciendo en términos de altruismo, donando importantes cantidades de dinero a labores humanitarias para con los más necesitados, es una llamada a la solidaridad para el resto de las grandes fortunas mundiales. También siento una gran admiración por el Rey, no por lo que simboliza la monarquía, sino más bien por su capacidad y aptitudes para representar a España. En ese sentido me gustaría ser tan buen vendedor de mi enseña como Juan Carlos I lo es de nuestra nación”. Sin embargo, la persona de referencia en su vida no es ningún escritor; tampoco es multimillonario, ni famoso: “Mi hermano Jorge, por la similitud entre sus vivencias y las mías, es la persona que más me ha apoyado y de la que más he aprendido”.

De su regreso a España y de los inicios de Hombre Actual, Alfredo no describe un bucólico escenario de abundancia y facilidades, sino más bien lo contrario: “Fueron comienzos muy duros junto a mi socio. Hoy observo lo que hemos conseguido y no olvido que un día nuestros medios eran muy limitados. El primer salón que tuvimos era un local de dimensiones reducidas, y recuerdo que al principio tan sólo teníamos unas tijeras para los dos. Una tarde, mi socio Javier estaba atendiendo a un cliente y me di cuenta de lo poco útil que era en ese momento un peluquero sin tijeras como yo. Así que salí a la calle para aprovechar el tiempo y repartir propaganda, buscando clientes y haciendo algo por el negocio. Poco a poco empezamos a crecer y llegó un momento en el que la clientela tenía que esperar fuera del local, momento en el que decidimos trasladarnos al establecimiento que hoy ocupamos, de mayor superficie. Hace unos días, y esto es una anécdota que resume simbólicamente lo que hemos logrado, nos pudimos permitir un capricho: unas tijeras de 600 euros…”.

Los baches han sido una constante en el camino emprendido: “Si me preguntan por la financiación diré que algo bastante lamentable en este país es que no existan ayudas suficientes para las pymes, ni para los jóvenes empresarios. Las subvenciones, siempre escasas, llegan tarde si es que llegan, y sospecho que muchas se deben perder por el camino. Otro tema complicado es la búsqueda de personal; hay enormes carencias en el sector en este sentido, y por eso uno de los proyectos que tenemos en mente es la creación de un centro de formación propio que permita solventar esta escasez”. Nadie dijo que todo el campo fuera orégano en el mundo de los negocios y la franquicia, pero no es una cuestión de la que se lamente nuestro protagonista: “Estoy orgulloso de proceder de una familia humilde, y no me compadezco por el hecho de no haber tenido un apoyo económico por su parte, lo cual me hubiera hecho entender esta aventura como un dolce far niente. Creo que abrirte paso por méritos propios te hace valorar más aquello que tienes, y te aviva el ingenio”.

Alfredo admite tener un carácter muy temperamental, y presume de ser una persona que va de frente. Pero en el trabajo subraya la importancia de ser agradable con el cliente, mostrar un carácter afable y crear un ambiente armónico que invite a volver. Esa es una de las claves de su éxito, y ese trato cercano para con el usuario se puede considerar parte de su buen hacer: “No exagero si digo que la relación con nuestros clientes es exquisita”.

Mentira, hipocresía, pereza… Son cosas que este madrileño no tolera, aunque considera que el perdón es un buen ejercicio, éste debe siempre y de forma necesaria ser solicitado: “No creo en la pena de muerte. Cometer errores no es problemático sino más bien inevitable, pero que bueno sería que aprendiéramos de ellos... Verdad, nobleza, sencillez... Son cualidades que admira en las personas y a éstas las hace grandes. La ambición es un ejercicio necesario para el desarrollo y evolución de todo los individuos, sociedades y estados, pero ha de ser a su vez llevado con mesura para que no se nos convierta en codicia". Frente a un previsible éxito futuro descarta retirarse, pero admite que llegado el momento se dará algún que otro homenaje: “No me veo jubilado. Se podría decir que trabajo para viajar, y es eso lo que haré cuando llegue la ocasión, pero siempre serán viajes de ida y vuelta. Además podrían surgirme más proyectos que me impidieran retirarme…  como por ejemplo: ¿Qué tal Mujer Actual?”.